La mayoría de hoteles llenan el silencio.
Nosotros lo cuidamos: nueve suites de piedra y lana de alpaca, mirando un valle que lleva quinientos años sin apuro.
Cada suite lleva el nombre del apu que se ve desde su ventana. Piedra local, textiles tejidos en Chinchero, chimenea encendida antes de que llegues y ninguna pantalla a la vista — salvo que la pidas.
Cuatro horas de silencio bien acompañado. Salida al amanecer, mate de coca en la cumbre.
Cena de seis tiempos con lo que el huerto dio esa mañana. Doce asientos, una sola mesa.
Tina de piedra al aire libre, agua a 40°, el cielo más limpio del hemisferio sur.